LA AVENTURA DE SER MAESTRO
En la lectura del documento del profesor Esteve, reconocí muchos de los cuestionamientos que habitualmente nos hacemos los profesionales. Y digo esto, porque en cualquier aspecto de nuestra vida profesional, se nos presenta esta ansiedad, este nerviosismo por saber si las cosas nos van a salir bien. Como ya había comentado, dediqué 25 años de mi vida profesional a la industria y el campo laboral, sin embargo, recordé un suceso de cuando era estudiante de preparatoria. Me ofrecieron un interinato en una escuela primaria semirural (entonces Tláhuac casi estaba fuera de la ciudad) y acudí a enfrentarme con alumnos de primaria, terribles; en mi corta experiencia me encontré con alumnos completamente fuera de control. Un compañero de la escuela me había hecho la invitación y tenía un grupo de pequeños, niños y niñas de unos ocho años a los que controlaba con una vara porque no podía hacerlo de otra manera. Lo peor del asunto, es que los chicos se reían de él porque carecía de autoridad, y se le ocurrió, dejarme a cargo por un momento.
En ese momento experimente la más terrible de las sacudidas, el pánico mas intenso y todo lo que comenta el Profesor Esteve, pero a la máxima potencia. Huelga decir que decliné amablemente dicho trabajo porque no me consideré capaz de llevarlo a cabo. Huí. Cuando termine la carrera de Medicina Veterinaria y Zootecnia, años después y ya trabajando como laboratorista de diagnóstico clínico en una cuenca lechera, ad hoc totalmente, me encontré ante la posibilidad de dar clases de Anatomía humana en una preparatoria particular, y acudí. Me sometí a entrevistas, exámenes y todo aquello a lo que estamos dispuestos para conseguir algo, y fui elegida como profesora. Ahora me sentía capaz de hacerlo. Pero la adversidad que aparece de vez en cuando, me llevo a cambiar de rumbo; en mi trabajo se me exigía cambiar de ubicación. Segunda renuncia. Y ahí fue, donde inicie el camino del campo laboral; durante 25 años no supe de otra cosa que trabajar y trabajar rudamente sin ver el sol más que al amanecer. Practiqué otra forma de docencia, pero en el mercado laboral se denomina capacitación, y me percaté de muchos aspectos de los aspirantes, que no se aprenden en la escuela y para los que nadie los prepara. Vi desfilar a multitud de técnicos, profesionales, empleados, para los que el trabajo era muy difícil o tan fácil que rápidamente cambiaban de empresa. Ellos me recordaban las aulas y de repente me soñaba dando clase ante un grupo nutrido de estudiantes de licenciatura ante los que yo dictaba ponencias con singular maestría. Desde mis tiempos de estudiante de licenciatura, conocí a profesores que sabían mucho, pero que no se habían acercado al mundo real, y profesores con amplia experiencia que causaban asombro por su aplicación práctica. Que dictaban una conferencia muy interesante y seguían hablando aunque se fuera la luz, sin tomar aire siquiera. Con ellos me idealizaba, así quería ser yo. Mejor dicho, así quiero, y creo que he conseguido acercarme lo bastante. Cuando los alumnos se acercan al profesor por el puro gusto de hacerlo, estamos alcanzando la perfección. (Coloquialmente hablando, por supuesto). Cuando eres apreciado, entran a tu clase aunque no lleven la materia y solo porque les llama la atención, nuestra labor es buena.
Comentarios
Muchas gracias por tu opinión. Te mando un saludo cordial.
Andrea