MI CONFRONTACIÓN CON LA DOCENCIA

Mi profesión es Médica Veterinaria Zootecnista, egresada de la UNAM, me inicié laboralmente en la Industria de la leche en Laboratorio de Diagnóstico. Posteriormente, me dedique al área de Control de Calidad en la Cuenca Lechera de Tizayuca, Hidalgo, donde entré como laboratorista de análisis lácteos y con el paso de los años, llegué a dirigir el área. Dentro de mis actividades, la relación con la docencia consistía en formar equipos de trabajo y capacitar personal, algo mucho más difícil que enfrentarse a un grupo de alumnos de educación media, ya que el objetivo primordial consiste en que las personas deben incorporarse al área laboral, y el que es reprobado por decirlo así, debe retirarse del trabajo. La evaluación de los desempeños laborales tiene su carga principal en el asesor, ya que el empleado tiene que funcionar adecuadamente. Aquí no se admiten parcialidades y los errores son muy caros.

Después de muchos años, y dedicándome a la iniciativa privada, capacitando trabajadores para microempresas, un día me encontré con una convocatoria para profesores del Colegio de Bachilleres, me presenté a las pruebas, realicé los cursos de inducción y conocimientos y se presentó la posibilidad de ingresar dando la materia de Ciencias de la Salud I y II. Debo aclarar que la docencia me daba curiosidad, ya que un jefe de turno con el que trabajé, era Ingeniero químico y daba clases en el Politécnico. Y le costaba muchísimo trabajo adaptarse al trabajo laboral porque los empleados no le hacían caso, y mencionaba que en la escuela él tenía la sartén por el mango y su palabra era ley. No quiero ofender a nadie, pero en la industria, el profesor o docente, es muy poco apreciado porque puede saber mucho, y eso es incuestionable, pero tiene poca o nula practica, y eso si es inadecuado. Además el trabajo es exhaustivo y se debe aceptar correr riesgos verdaderos. Es una apreciación del mercado laboral que prefiere emplear a un profesional recién egresado que se puede modelar, que a un brillante profesor con un largo historial académico. Así es la vida.

Cuando por fin me encuentro ante alumnos jóvenes, la cosa no pudo parecerme más fácil, además en es tiempo, mis hijos eran propiamente adolescentes del mismo nivel, y eso me permitió adaptarme rápidamente. Su forma de pensar era similar, mismas formas de reaccionar, y obviamente, eso me facilitó las cosas. Debo decir, que la experiencia para controlar grupos de personas adultas que adquirí en mi labor de tantos años, me proporcionó la mayor de las ventajas, y la docencia se me convirtió en un trabajo bastante divertido. Los chicos en una fuente de juventud y corroboré aquello de la sartén por el mango, además lo he visto emplear con todo el rigor. No es mi caso.

El estar en contacto con adolescentes, casi próximos a ingresar al mercado laboral, porque no todos pueden seguir estudiando, me hizo percibir sus carencias y lo poco preparados que están para asumir roles sociales verdaderos, y por esa causa, uno de mis objetivos principales es el de ayudarlos a enfrentar ese camino. Afortunadamente, la materia que imparto se presta mucho para ello. Cuando recibía aspirantes anteriormente, la falta de cultura general, la dificultad para expresarse, la poca seguridad ante una entrevista, el no saber vender sus capacidades, eran su principal problema. ¿Por qué no enfocar sus aprendizajes en subsanar en parte ésta problemática? Afortunadamente, aunque creo que bastante tarde gracias a las políticas educativas, se plantea ahora el enfoque hacia el aprendizaje de competencias. Nada mejor para lograr un cambio. Puede no ser la panacea del siglo, pero el esfuerzo vale la pena. Por lo pronto, tiene aplicación práctica, que es lo ideal. Y a mi me consta.

Lo que me satisface y continúa sorprendiendo, es observar como jóvenes tímidos se convierten en personas capaces de enfrentar el mundo. Como adquieren seguridad, como individualizan sus pensamientos y sobretodo, como son capaces de reaccionar cuando se les considera como individuos con pleno ejercicio de sus derechos. El adquirir esa capacidad socializadora es ya en sí, una herramienta invaluable. Tenemos excepciones, claro está, pero por cada uno que logra despegar el vuelo, ya tenemos parte del camino logrado. Asertividad es la clave, y una persona que logra ser asertiva, tendrá mayores posibilidades de enfrentar un ambiente social tan complicado como tenemos en general.

Los docentes enfrentamos muchas horas de insatisfacción cuando carecemos de elementos de trabajo, cuando observamos como se privilegian decisiones sobre políticas educativas que en nada ayudan y si perjudican el trabajo que debemos realizar. A veces me pregunto que sucede con los genios creadores de estas políticas absurdas que solo marcan retrocesos poco competitivos. La causa que limita los recursos educativos. La sobrecarga de trabajo que frecuentemente padecemos y la falta de soluciones al corto plazo. La discrecionalidad con que muchos recursos son utilizados y contra lo que nada podemos hacer. Esto no incluye a los estudiantes, porque ellos solo reciben lo que se les da. El suponer, que el hecho de que tengan escuela es suficiente, porque hay muchos más que no la tienen, es una incongruencia. Esto es con lo que debemos lidiar.

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